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    Decibelios (dB) que también contaminan

    La contaminación acústica puede causar graves trastornos en las personas (depresión, estrés, ansiedad, hipertensión…), animales y plantas

    La contaminación ambiental que sufre el planeta es, a estas alturas de la película, mucho más que preocupante. Nuestro modelo de desarrollo perjudica gravemente al entorno y, de paso, acaba afectándonos también a nosotros, a nuestra salud. Hace tiempo que sabemos que hay que tomar medidas; y aunque se hayan hecho cosas, aún queda mucho camino por andar.

    Sin embargo, existe otro tipo de contaminación que va a más y que también debe inquietarnos. Se trata de la contaminación acústica, muy relacionada igualmente con el modelo económico que hemos elegido. Hablamos del ruido; del ruido molesto que puede desembocar en trastornos graves para las personas como insomnio, ansiedad, estrés, depresión… Y, ojo, no solo nos perjudica a nosotros: la flora y la fauna también se ven afectados por este grave problema.

    Vivir demasiado cerca de unas vías de tren, un aeropuerto, una carretera… puede, literalmente, amargarnos la existencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar durante largos periodos al día los 55 decibelios (dB) para no sufrir problemas de audición y otros perjuicios. Para que te hagas una idea: el aspirador genera unos 65 dB; y si vivimos en una calle con mucho tráfico y abrimos una ventana, estaremos soportando un ruido de unos 80 dB.

    ¿No has tenido nunca la sensación de tener los oídos taponados cuando sales de una discoteca o un concierto? El oído humano necesita unas 16 horas de reposo para compensar dos horas de exposición a 100 dB. En una discoteca se está a unos 110dB; y a partir de los 120 dB existe riesgo de sufrir problemas de sordera.

    Así pues, atención a la sobre-exposición al ruido. Por desgracia, la legislación española no es muy prolija al respecto y muchos ciudadanos se encuentran desamparados cuando quieren denunciar un caso de contaminación acústica. Y ello pese a que las consecuencias para la salud pueden ser muy graves y acaben generando cambios en el carácter (mayor irascibilidad), en nuestros hábitos de reposo, la memoria, el embarazo, la atención, el sueño… 

     

    Pero no somos los únicos perjudicados por la contaminación acústica, aunque seamos sus responsables. Las aves, plantas, insectos y otros animales también sufren las consecuencias del ruido que generamos. Pájaros y ballenas que deben cantar en frecuencias más elevadas, por ejemplo, y ven alteradas sus costumbres, lo que acaba afectando a todo su hábitat; los murciélagos que tienen dificultades para cazar…

    En definitiva, ruido que contamina y contra el que debemos luchar. En BERZIKLATU apostamos por un uso racional de los recursos. ¿Aún no nos conoces? ¡Te esperamos!

    Categorías: Servicios sociales. 03 jul

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